Wednesday, August 4, 2010

Al final como siempre

Al menos creo que soy feliz. Hay que omitir más situaciones.

Thursday, July 29, 2010

Quiero poder tragarme mi orgullo y de vez en cuando, aunque sea, poder dar un abrazo o un beso sin sentirme extraña. Sé que es una gran gilipollez, pero es una situación que me cuesta mucho poderla llevar a cabo. Tanto dar como recibir me incomoda. Nada, que de vez en cuando hay que expresar agradecimiento, y dejarse de tonterias.

Tuesday, July 27, 2010

Harta de mentir.

Porque la sociedad te obliga a no pensar por ti mismo, sino tener las creencias sobre lo que ellos piensan es lo moralmente correcto y acatar sus normas. Y si no lo haces hay críticas sobre ti por doquier y te tienes que estar jodiendo. ¿Pero qué más da sobre lo que piensen los demás?

A mi personalmente me importa, pero en estos días he decidido tener las ideas claras:

- Me gusta el nacional socialismo, y si me quieren llamar nazi o hacerme un comentario destructivo que lo hagan, me da igual.

- Me gusta emborracharme a pesar de que al final acabo en el suelo, y no, no hace falta que nadie me ayude a levantarme, como todo en la vida, lo acabo haciendo sola.

- Soy una puta egocentrica y prepotente, pero coño, es que viendo la cantidad de subnormales por metro cuadrado que me encuentro por el mundo es normal tener aires de grandeza.

Y no es miedo al rechazo de los demás, es miedo a no caber en el molde social.

Monday, June 14, 2010

Mañana selectividad

Y hoy a estudiar, empecé a yer con filosofía, y hoy con el resto de asignaturas, y es que la flojera es algo que no puedo controlar. Buenas noticias: aprobaré. Malas noticias: con una nota baja xD Pero bueno, realmente no es eso lo que me preocupa, sino no entrar en la academia militar (y qué coñazo estoy dando con eso ¡), pero es que en estos momentos me estoy deesviviendo para entrar a pesar de las nulas posibilidades que tengo =D xDDD Siempre nos quedará París.... (frase en honor a mis familiares de Casablanca xDDD).

Pues nada, ahora a estudiar, y a hacer flexiones. Solo me queda una cosa por decir: a por todas ô_ô

Monday, June 7, 2010

Mi futuro de aquí a una semana: comprando prozac en cantidades industriales

Wednesday, June 2, 2010

Non sequitur

Cuando no tenemos con qué defendernos, mentimos. Y la mayoría de las veces sin razón y aún peor, sin sentido.

Monday, May 31, 2010

Por fin sobria ¡¡¡¡

Llevava desde el jueves con una morriña, un sueño, y una cantidad de alcohol en sangre bestial (de hecho creo que el alcohol triplicaba a la cantidad de sangre que tengo).

Pues nada, después de tan buenos día me toca estudiar para selectividad....HASTA EL JUEVES QUE VIENE ¡¡¡¡ Que aprovecharé felizmente para salir por la puta feria ._. No me gusta xDDD Pero bueeeeeeno ._. HAY ALCOHOL, SI ME GUSTA *-*

Tuesday, May 25, 2010

El segundo gintonic, Pencho se vuelve hacia mí. Hace quince minutos que aguardo, paciente, esperando que se decida a contármelo. Por fin hace sonar el hielo en el vaso, me mira un instante a los ojos y aparta la mirada, avergonzado. «Hoy he cerrado la empresa», dice al fin. Después se calla un instante, bebe un trago largo y sonríe a medias con una amargura que no le había visto nunca. «Acabo de echar a la calle a cinco personas.»
Puede ahorrarme los antecedentes. Nos conocemos hace mucho tiempo y estoy al corriente de su historia, parecida a tantas: empresa activa y rentable, asfixiada en los últimos años por la crisis internacional, el desconcierto económico español, el cinismo y la incompetencia de un Gobierno sin rumbo ni pudor, el pesebrismo de unos sindicatos sobornados, la parálisis intelectual de una oposición corrupta y torpe, la desvergüenza de una clase política insolidaria e insaciable. Pencho ha estado peleando hasta el final, pero está solo. Por todas partes le deben dinero. Dicen: «No te voy a pagar, no puedo, lo siento», y punto. Nada que hacer. Los bancos no sueltan ni un euro más. Las deudas se lo comen vivo; y él también, como consecuencia, debe a todo el mundo. «Debo hasta callarme», ironiza. Todo al carajo. Lleva un año pagando a los empleados con sus ahorros personales. No puede más.
Cinco tragos después, con el tercer gintonic en las manos, Pencho reúne arrestos para referirme la escena. «Fueron entrando uno por uno –cuenta–. La secretaria, el contable y los otros. Y yo allí, sentado detrás de la mesa, y mi abogado en el sofá, echando una mano cuando era necesario… Se me pegaba la camisa a la espalda contra el asiento, oye. Del sudor. De la vergüenza… Lo siento mucho, les iba diciendo, pero ya conoce usted la situación. Hasta aquí hemos llegado, y la empresa cierra.»
Lo peor, añade mi amigo, no fueron las lágrimas de la secretaria, ni el desconcierto del contable. Lo peor fue cuando llegó el turno de Pablo, encargado del almacén. Pablo –yo mismo lo conozco bien– es un gigantón de manos grandes y rostro honrado, que durante veintisiete años trabajó en la empresa de mi amigo con una dedicación y una constancia ejemplares. Pablo era el clásico hombre capaz y diligente que lo mismo cargaba cajas que hacía de chófer, se ocupaba de cambiar una bombilla fundida, atender el correo y el teléfono o ayudar a los compañeros. «Buena persona y leal como un doberman –confirma Pencho–. Y con esa misma lealtad me miraba a los ojos esta mañana, mientras yo le explicaba cómo están las cosas. Escuchó sin despegar los labios, asintiendo de vez en cuando. Como dándome la razón en todo. Sabiendo, como sabe, que se va al paro con cincuenta y siete años, y que a esa edad es muy probable que ya no vuelva a encontrar jamás un trabajo en esta mierda de país en el que vivimos… ¿Y sabes qué me dijo cuando acabé de leerle la sentencia? ¿Sabes su único comentario, mientras me miraba con esos ojos leales suyos?» Respondo que no. Que no lo sé, y que malditas las ganas que tengo de saberlo. Pero Pencho, al que de nuevo le tintinea el hielo del gintonic en los dientes, me agarra por la manga de la chaqueta, como si pretendiera evitar que me largue antes de haberlo escuchado todo. Así que lo miro a la cara, esperando. Resignado. Entonces mi amigo cierra un momento los ojos, como si de ese modo pudiera ver mejor el rostro de su empleado. Aunque, pienso luego, quizá lo que ocurre es que intenta borrar la imagen del rostro que tiene impresa en ellos. Cualquiera sabe.
«¿Y qué voy a hacer ahora, don Fulgencio?... Eso es exactamente lo que me dijo. Sin indignación, ni énfasis, ni reproche, ni nada. Me miró a los ojos con su cara de tipo honrado y me preguntó eso. Qué iba a hacer ahora. Como si lo meditara en voz alta, con buena voluntad. Como si de pronto se encontrara en un lugar extraño, que lo dejaba desvalido. Algo que nunca previó. Una situación para la que no estaba preparado, en la que durante estos veintisiete años no pensó nunca.»
«¿Y qué le respondiste?», pregunto. Pencho deja el vaso vacío sobre la mesa y se lo queda mirando, cabizbajo. «Me eché a llorar como un idiota –responde–. Por él, por mí, por esta trampa en la que nos ha metido esa estúpida pandilla de incompetentes y embusteros, con sus brotes verdes y sus recuperaciones inminentes que siempre están a punto de ocurrir y que nunca ocurren. ¿Y sabes lo peor?... Que el pobre tipo estaba allí, delante de mí, y aún decía: No se lo tome así, don Fulgencio, ya me las arreglaré. Y me consolaba.»

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Arturo Pérez-Reverte.

Me estyo aficionando demasiado a éste hombre...

Sunday, May 23, 2010

Me siento como una niña pequeña jugando a ser adulta. A pesar de miedad no he madurado para ciertas cosas, pero sin esas cosas no se pueden madurar. ¿Soy gilipollas o no? -_-

Friday, May 14, 2010

Me voy a Marruecos ¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Y la semana que viene exámenes todos los días xDDD